Los jueves Vermigor (sesión 19)

Los jueves Vermigor (sesión 19)

Nuestros aventureros despertaron en la sala de juegos sin haber sufrido ningún sobresalto durante la noche. Por la mañana discutieron los planes del día y, cómo todavía les quedaban bastantes horas para poder acceder por la puerta que abrieron para los seguidores de la Rosa Negra, decidieron ir a explorar la catedral con la esperanza de encontrar a la reina.

 

Volvieron por el camino que ya les era conocido y no tuvieron ningún percance para llegar a los aposentos de Mortimer, a quién habían eliminado la noche anterior (si es que era de noche, pues los jugadores/as sólo reciben información sobre su cansancio). Al poder mirar por la balconada que daba a la parte inferior de la catedral vieron un espectáculo dantesco: en un altar había un hombre con la armadura de la guardia de la reina al que le acababan de sacar una daga y que empezaba a sangrar con profusión, rodeado de varias personas con túnicas con capucha y un tatuaje de una mano cadavérica en la mano y flanqueados por un par de elfos oscuros.

 

Con los conocimientos religiosos de Nimue, la paladina del grupo, descubrieron que el ritual que estaban haciendo ya estaba prácticamente terminado. Sólo podían pararlo curando del todo al hombre atado al altar o matándolo antes que su sangre se fuera derramando estando él en vida hasta concluir el ritual.

 

Aprovechando la balconada, Nimue y Solaire usaron las cadenas para poder bajar hasta el piso inferior y arreglar la siutacion, mientras Harum y Jane empezaban a disparar desde el piso de arriba. El combate fue largo y complicado: hubo cargas con el escudo por delante para apartar a los enemigos, flechas y virotes volando, ataques recibidos heroicamente para intentar curar al hombre que estaba muriendo en el altar, muertos vivientes que empezaban a despertarse de sus tumbas en las capillas que circundaban el altar, muertos caídos en combate que se levantaban para volver a atacar, canciones épicas para dar coraje a los compañeros y aún con todo esto parecía el punto final de las aventuras de nuestros protagonistas, hasta que una gran explosión derrumbó una de las paredes de la catedral dejando un agujero inmenso por el que entraron corriendo la reina y el resto de su guardia para ayudar a su compañero ayudando de paso a nuestros aventureros.

 

Tras ese momento el combate duró poco y la situación se salvó gracias a la llegada de la reina Vigdis II, quién se interesó primero por la salud del hombre atado al altar y que después pudo conversar con nuestros protagonistas, quienes no lograron convencerla de volver a la superficie aún habiéndole dado muestras y evidencias de la traición de Folken Guinot, su senescal, quién estaba actualmente gobernando todo Reino Bosque.

 

Sin embargo la reina agradeció todo lo que habían hecho hasta el momento y les pidió ayuda para encontrar una ciudad cuya entrada debería encontrarse en algún punto del mismo complejo subterráneo en el que se encontraban. Ella no podía irse sin saber si tal ciudad era una amenaza para Marvalar ni sin descubrir si tenían alguna cosa que ver con el ataque de hacía unos días o qué información podían tener sus habitantes respecto al ataque. También les dio el mango de su espada, cuya hoja debería estar en las pieles de un gusano púrpura que los había atacado con anterioridad. Si conseguían la hoja les pidió que se la devolvieran para volver a forjarla pues se trataba de una espada de reyes.

 

Siguieron, pues, explorando el nuevo nivel del recinto en el que se encontraban habiendo quedado con la reina que, si encontraban la ciudad, le irían a avisar a la catedral, dónde ella y sus hombres empezaban a trabajar para hacerse fuertes y usar esa ubicación cómo punto de partida desde el que seguir explorando en pos de la ciudad.

 

Nuestros protagonistas encontraron la sacristía de la catedral, un cementerio subterráneo, una sala muy extraña con una runa iridiscente que iba cambiando de color pero que pudo ser borrada sin que le pasara nada a quién lo había hecho, una cripta llena de pirámides de monedas de oro que no se atrevieron a tocar, un taller y, finalmente lo que parecía una sala de cueva natural que ya no pudieron explorar pues se nos acabó el tiempo por esta vez.

 

El próximo jueves seguiremos explorando en las profundidades de Marvalar.

About the Author /

guitpau@gmail.com